viernes, septiembre 03, 2010

In Memoriam

Pues ni hablar mis queridos aficionados a las Crónicas, como dice Doña Mayita: "Del rayo te salvas, pero de la raya no." Aún cuando habia dejado la entrega de estas crónicas por razones que hoy no vienen al caso, escribo esta crónica en honor a Don Germán Dehesa que no solo hizo me hizo reir sino incluso alguna vez con unas cuantas líneas me incitó a seguir escribiendo y hacer lo que él sabia hacer como ningún otro columnista: a mostrar a la gente con humor y buena prosa la realidad de lo que pasaba alrededor de nosotros.

Yo estoy triste, triste por perder a un extraordinario columnista, triste porque mañana no habrá Gaceta del Ángel, ni denuncia a Montiel, triste porque la casa de piedra y flores se quedó en silencio y triste por todos aquéllos, cercanos o no, que se han quedado sin Don Germán Dehesa.

A Don Germán le dedico de corazón mis crónicas y espero poder contribuir con ellas al buen humor de mis amigos en México donde hacen mucha falta motivos para sonreir todos los días.

A continuación la crónica:

“A donde irá, veloz y fatigada la golondrina que de aquí se va…” Conforme a Zamacois y Serradel la famosa golondrina seria presa de una ráfaga nefasta de viento y no hallaría el camino a casa, yo le deseo a Don Germán Dehesa que en su camino a casa no lo agarre el famoso Earl que amenaza con azotar las costas del noreste de los Estados Unidos y lo deje papaloteando sin saber volver a casa. Nunca entendí porque nos dio a los mexicanos por agarrar un cuete sin precedentes cuando alguien se va y ponernos las famosas golondrinas para poder moquear agusto ¿Será que tenemos espíritus de faquir igual que la pobre águila del escudo nacional que para echarse un taco de culebra tuvo a bien posarse en un nopal espinudo? ¿O será nomás que todos los mexicanos llevamos al fondo del corazón lo dramático? Y que por cierto será herencia de nuestros antecesores hispanos a quienes les daba por recetarse tragicomedias y dramones que dejaron en tierra azteca para que aprendiéramos la lengua de Cervantes.

En fin, que lo que importa es que la famosa canción de las golondrinas que uno escucha cada vez que sale del colegio (y que por cierto, ahora con las graduaciones estas de maternal, kinder y primaria hacen moquear a chamacos y papas por igual, salvo porque a los chamacos luego los papás ni les invitan un traguito de alipuz y se tienen que llevar el llanto y la depresión causada por los acordes de dicha canción vernácula con la garganta seca), cada que se nos va un amigo a otras tierras, cuando alguien cuelga los tenis y una que otra vez cuando algún amigo se pone a necear sobre una trajinera xochimilca y pide las golondrinas, dizque para acordarse de quién sabe que y poder echar la lágrima sin ser juzgado por los compañeros de guarapeta, simplemente nos recuerda que la gente se va para volver a casa. Yo no se exactamente de donde vienen las golondrinas que llegan en la primavera a México, ignoro si son de México y se fugan de los fríos invernales o si van de paso a volver a casa, pero lo que importa al final es precisamente que el destino final es el hogar. Yo espero que Don Germán Dehesa vuelva a casa, donde quiera que eso sea, tampoco me voy ahorita a aventar un rollo teológico de si se va para arriba o para abajo, eso se lo dejo a los que saben de teología o de menos rezan más seguido que yo, simplemente le deseo a Don Germán que descanse en paz, que su tumba o su cripta sea de piedra y flores como su casa, que aunque sea desde el otro mundo venga a jalarle las patas a Montiel, que los Pumas ganen este año, que Tlacotalpan quede tan hermoso como él siempre lo recordó, que todos nosotros sigamos su obra de denuncia y nos organicemos para la operación cobija este año y finalmente pues que no haga rabieta después de enterarse que hasta Felipe Calderón se asomó en su funeral nomás a hacer el oso.

Yo por lo pronto me he tirado a la desgracia con la pérdida, aquí estoy en las tierras otrora propiedad de los Indios Lenape tratando, sin éxito, de provocarme algún supiritaco con frituras de maíz procesadas con sabor a pizza y a aderezo ranchero, definitivamente uno no puede caer más bajo y mis pobres arterias seguro piden esquina que no les he dado descanso desde la semana pasada que estuve en México atiborrándome de delicias culinarias. Mi pobre tripa ha de estar pasando penurias terribles tratando de procesar el pan de muerto que vine cargando como cualquier inmigrante (ilegal o no) y los famosos Doritos estos que me dan poco consuelo. Yo la verdad pensé que Don Germán la brincaba, será que le tengo fe a la frase del licenciado Estavillo de que “hierba mala nunca muere”, a lo mejor lo que me fallo en el cálculo es que Don Germán era bueno y por eso nos dejó, de haber sido canijo se queda por acá como Don Fidel Velazquez que tuvo a la muerte haciendo trámites para llevárselo muchos años y estoy segura de que la Catrina nomás llegaba a la ventanilla para poder reclamar el suspiro de Don Fidel y le avisaban que le faltaba un sello mas y que la firma no correspondía a la identificación, total todo para que durara el viejito carcamán aquél. Se me hace que Don Germán no se conocía las técnicas burocráticas de los líderes sindicales ni de los burócratas y por eso se lo llevo la flaca tan rápido.

Ni hablar, que después de los nefastos Doritos a ver si me voy por un pastel o me atiborro de milkyways para que se me pase la pena de haber perdido a Don Germán. Yo no les recomiendo la técnica de tratar de compensar la tristeza con comida chatarra por que el precio a pagar comienza por perder la compañía de los seres queridos una vez que el pobre intestino logra procesar tanta porquería. Es más yo los convoco a hacer algo distinto, a recordar que a Don Germán lo que más le gustaba era ver que la gente se sacudiera lo pazguato he hiciera algo por cambiar las cosas que están mal, no importa si es escribir, no dar una mordida o entrarle a una obra social, aunque sea una cosita tan simple como seguir la cuenta de la denuncia contra la corrupción en el facebook o es más ya con ponerse a aprender correctamente los números romanos y la ortografía española (ya ni hay que invertir en un diccionario de la Real Academia Española, esta en Internet: www.rae.es) .

Y pues a los que les caía gordo Don Germán o su sentido del humor les caía como tomates enlatados cuando uno tiene agruras: ¡En hora buena! Ya se les acabo la razón del martirio.

Por mi parte yo le voy a cumplir a Don Germán la promesa que le hice hace algunos años que le mande un ejemplar de estas crónicas, voy a seguir escribiendo para hacer sonreír de menos a Sánchez Baquedano y a Doña Mayita con mis ocurrencias literarias, me voy a sacudir lo pazguata y voy a resumir la entrega de las crónicas con más ganas y siempre con buena ortografía (salvo por las palabras y dicharachos mexicanos que no vengan en el Diccionario de la Real Academia Española con perdón de mis ancestros).

Descanse en paz Don German que acá le seguimos dando.

HOY TOCA!!!!

¿QUÉ TAL DURMIÓ HOY? MDCCCXCIII

¿Y las muertas de Juárez?

Montiel!