El nopal y el Nuevo año (No.8)
Queridos todos, pues me acabo de enterar que la famosa “tregua navideña” nomás no incluía a las crónicas del nopal, ni hablar señores a mi me llego mal la circular del IFE y me di por aludida entre los medios de comunicación. Por la razón antes expuesta (ah que tal la palabrería de abogado) no hubo crónica las semanas pasadas, reasumimos pues las entregas semanales de esta su crónica, agradeciendo de antemano todas sus atenciones que no consisten en otra cosa que quejas y recordatorios familiares.
Por cierto, a aquellos que amenazan con transformar el club de fans de las crónicas en un sindicato lidereado, ni mas ni menos, que por Sánchez Baquedano (mi propio Padre), les avisamos respetuosamente que ni ustedes trabajan para la redacción de las crónicas, ni yo les pago (aunque me conformaría de vivir del chayote, por aquellos que quieran alguna sección en las crónicas) En resumen: aguántense! Aquí esta su crónica.
Una vez aclarado el asunto, procedo a narrarles los eventos de las semanas que anduvimos fuera del ciberespacio.
De las posadas, noche buena y noche vieja.
El arribo a tierra azteca, la tierra del nopal con tunas, fue todo lo que uno podría imaginar de un vuelo Houston-México en pleno diciembre. No cabía ni un alfiler en el avión, todos traíamos mas del equipaje de mano permitido. Cajas, morrales del mandado y bolsas de plástico amarradas con cinta canela se apretujaban en los compartimentos superiores, mientras una pobre sobrecargo hacia intentos inútiles por apaciguar a los pasajeros para que se sentaran y pudieran contar cuantos paisanos habían en el avión.
El fenómeno del cholo se hizo presente en pleno. Puro paisano, mas moreno que los frijoles de los molletes que tanto añoran, pidiendo plis su daiet coque, y alegando que necesitaban la forma de entrada para turistas por que ellos ya no viven en México. Uno que otro (mas suertudo) hasta mostró su famosa green card.
Los jóvenes con corte de jícara (largo hasta la mitad y todo lo demás rapado) y mostacho de puberto, rapeaban en algún idioma que no se conoce todavía por otro nombre que no sea el washa-washa, canciones de raperos gringos y ni por equivocación se quitaron los lentes obscuros de armazón brillante. Las chicas con la melena pintada de un odioso color entre yema de huevo y rompope, mascaban chicle mientras leían algún equivalente gringo del TV y Novelas, o se arreglaban los diamantitos de los uñones postizos, sin los que no viven.
Entre los paisanos que juran por la Virgen de Guadalupe que son gringos, Valdés y yo emprendimos la etapa final del viaje a la tierra donde los tacos no llevan lechuga, crema ni chili, sino piña, limón y cilantro.
La llegada al aeropuerto es como para caricatura de Trino, los paisanos traen más maletas que familia. Todos los bultos son más altos que cualquiera de ellos y vienen retacados de tal forma que más de uno tiene que levantar sus cosas de la banda del equipaje, porque el cierre se reventó en la aventada. Traen teles, reproductores de dvd, estereos, teléfonos inalámbricos, juguetes, ropa, bueno un iluso se trajo hasta un refri o por lo menos la caja de un refri. La cola para la aduana parece zoológico, entre los carritos que desbordan de cosas y la gente que salta o se asoma entre las puertas para ver si ya llegaron por ellos. La mayoría ve con desilusión que su declaración de aduanas, donde juraron por su madrecita santa que no llevaban más de diez mil dólares en mercancía, fue ignorada completamente por el agente aduanal que los condujo a la mesa, donde algún pobre funcionario se debe dar a la tarea de revisar todo lo que trae el paisano.
En fin, supongo que la empacada, cargada, salida de la tierra del american dream, vuelo y revisión de aduanas vale la pena, porque no vi a nadie quejarse en cuanto abrazaron a su familia, hasta se les olvido el ingles y las hamburguesas, y con lagrimones en los ojos sonrieron al sentirse de nuevo en casa.
En medio de toda esta escena, Valdés y yo cruzamos discretamente migración y aduana y nos regocijamos en la primera bocanada de smog que recibimos fuera del aeropuerto, entre taxistas sonando cláxones y pegado de gritos para poder recoger al pasaje.
Podemos reportar con gran orgullo que el famoso Lupe-Kings o maratón Guadalupe-Reyes reporta saldo blanco para la familia Valdés Sánchez, no paso de algún conato de palazo en la piñata, quemada con luces de bengala o muerte por sofocación por un pedazo de caña en el ponche. Por lo demás, ah como disfrutamos las posadas, reuniones, tacos…bueno hasta la histeria colectiva de los centros comerciales. No cabe duda que la patria siempre será la patria, y aunque en otro años nos quejamos amargamente de la temporada decembrina, en esta ocasión todo se convirtió en motivo para sonreír, si señores suena cursi, pero a mi hasta una lagrimita se me salio con la primera mentada que me acomodaron en el trafico.
Las posadas a las que asistimos tuvieron al rigorosa cantada de letanía con velita y bastantes desafinados que se dejan llevar alargando las vocales al final de cada verso. La comilona decembrina estuvo de lo mejor, Valdés y su nopala abusamos de la cantidad de limón, salsa y chile y tuvimos que recurrir a los antiácidos para no morir visitando la patria, pero con todo y ulcera valió la pena cada enchilada.
Navidad y Año nuevo nos mostraron dos cosas: una, que realmente no estamos tan lejos de todos ustedes, no nos vemos diario, cierto, sin embargo en cuanto nos vemos la distancia que nos separa se borra completamente y lo único que importa otra vez son las viejas anécdotas y chistes, los abrazos y los buenos deseos. Y dos, que pa tragones los Mexicanos, porque Ah bruto! Como se come en México, pero ni hablar…como resistirse a los olores, la textura, los colores y los sabores que solo se desprenden de las ollas Mexicanas? Si alguien sabe, que nos diga y lo invitamos a que venga para que coma en Taco Bell.
Así que con la panza llena y el corazón contento, nos volvimos a este lado del Río el primero de enero, entre desvelados y tristones, pero con una torta de romeritos bajo el brazo. El cruce en la frontera no fue malo, pensamos que en una de esas Bush y su muro de la ignominia se ponían fresas y nos regresaban con todo y comal, pero el oficial de Migración vio al güero de mi marido y una vez mas hasta welcome le dijeron.
La cola en migración fue tan larga que perdimos el vuelo de conexión a Boston, que mala suerte no creen? JA, pues no, por que no nos quedamos atorados en algún pueblo infame como Amarillo, Texas, sino en la ciudad que nunca duerme, la ciudad de los rascacielos, la ciudad donde comenzó la familia Valdés Sánchez…Nueva York.
Con hotel patrocinado por la línea aérea, un hambre de lobos y ganas de parranda nos lanzamos a Manhattan a caminar por sus calles y disfrutar en Times Square que hasta la policía y el ejército tienen sus anuncios en luz de neon. La parranda se extendió hasta la madrugada y como consecuencia Valdés y yo perdimos el vuelo de las 9 a.m. a Boston, tuvimos que esperar el siguiente hasta la una treinta, pero todo valió la pena por comer pizza juntos (en el lugar favorito de Al Pacino), a las 4 a.m. en Manhattan, mientras al fondo sonaba la canción de New York State of Mind.
Enero…y lo que nos falta!
Se bien que la primera parte de esta crónica ya se encuentra lejana en sus mentes, me había querido sentar a escribir la crónica desde hace varias semanas, pero un ataque de bloqueo de escritor, combinado con limpieza del nuevo año me impidió hacerlo antes.
El clima ha sido de lo mas benevolente, a principios de enero disfrutamos de muchos días de buen clima (arriba de cero todo es bueno, o que creen que nos vamos a poner exigentes cuando la temperatura normal habría sido de -15?) durante los cuales Fede volvió a su trabajo, y yo me dedique a buscar mis libros y escoger mis clases para este nuevo semestre.
Enero se nos fue como agua, ya estamos en el último día y para cuando nos demos cuenta, ya se habrá ido la nieve también. Fede y yo hemos aprovechado el invierno para dedicarnos a los deportes, Valdés es magnifico en los esquís y en las montañas se le puede ver bajar como un profesional en las pistas mas complicadas. Yo tuve mi primer encuentro con el snowboarding, en resumen: la montaña 1 su nopala 0, que me pase mas tiempo frenando con el trasero que deslizándome en la tabla. Sin embargo, no me quito las ganas de desafiar a los elementos y seguir intentando toda la tarde, hasta que logre deslizarme cuesta abajo y frenar sin tener que aventarme de espaldas.
Como dicen por ahí, si la vida te da limones, haz limonada. Así que mientras haya nieve, seguiremos intentando deslizarnos sobre ella como lo hacemos sobre el agua, de menos hasta que se vaya el frío.
El clima promete ponerse espantoso para febrero y marzo, pero como los compadres del canal del clima se la han pasado diciendo que ahí viene, ahí viene y nomás no llega, Valdés y su nopala tienen fe en que los próximos meses serán aun mejores y pronto estemos disfrutando del calor.
Un ultimo toque de propaganda…
Y ni crean que es por las elecciones, que por cierto armaron gran relajo en el consulado de Boston con eso del registro para el voto en el extranjero, no señores. La propaganda que me permito hacer en esta su crónica tiene un propósito mas elevado, así que vayan sacando sus chequeras, rompiendo el cochinito, entrándole a las tandas en la oficina o asaltando en las esquinas, para que el día de mañana (1 de febrero) marquen el 001 617 8 33 88 96, aclaren la garganta y le canten las mañanitas a su autora favorita. Que soy yo! No vayan a llamar a la Poniatowska!
Con jubilo les anuncio que mañana la nopala consentida de todos cumple 29 años de darles lata, algunos me han aguantado mas años que otros (los que quieran empezar el proceso de beatificación de mi familia son bienvenidos) y a todos se los agradezco desde el fondo de mi corazón.
Espero mañana sus llamadas, tarjetas electrónicas, presentes, flores o de menos que se acuerden de mí.
La siguiente crónica (obviamente) comprenderá la narración de la celebración de mi cumpleaños, que ningún año tiene saldo blanco… sin comentarios.
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